El piano.

Mi padre me enseñó, que uno debe solucionar sus propios problemas, sin necesidad de recurrir a los demás.

Bueno, pues haciendo balance de este extraño verano. Tengo que decir en honor a la verdad, que me ha dejado la cabeza como un bombo.

Tomé una difícil decisión, que me costó más que en toda mi vida, y espero que haya sido la correcta.

No lo voy a ocultar, no estoy pasando precisamente por mi mejor momento. Pero de todo se sale, no hay mal que cien años dure y bla bla bla…

A éstas alturas, sólo queda relajarme, respirar profundamente, y sacar fuerzas e ilusión de la recámara.

Dicen que es bueno para el alma exorcizar demonios. Yo no soy la más original. 

Mi dolor procede directamente del corazón. De una sensación de vacío que ha cambio ha pasado a ocupar su hueco.

De un sin fin de ilusiónes, planes y confianza rotas.

Noches en blanco y mañanas iguales a las anteriores que se suceden.

Por cada minuto, diez recuerdos.

    Recuerdo mi cuerpo acurrucado en su espalda.

           Recuerdo su mano acariciando mi nuca.

                    Recuerdo su boca musitando un te quiero.

                               Recuerdo que nunca me explicó el porqué.

                                          Recuerdos…

 

Si esto fueran los locos años veinte, tendría que meter la cabeza en el horno como Sylvia Plath. Pero éste es el 2014, mi año.

Y el pasado fin de año, juré que éste año sería mío. Que encarrilaría mi vida hacia el futuro que deseo y necesito.

Aunque a trompicones, estoy en ello.

La semana pasada, descubrí una película, que me ha fascinado profundamente.

Se llama el piano, y se ha convertido en mi film predilecto. Es de ésas pelis, que no sabes muy bien porqué, pero te calan dentro. Y ya nunca puedes dejar de pensar en ellas sin sentir un escalofrío.

 

Que muerte!

Que suerte!

Que sorpresa!

Mi voluntad ha escogido la vida? Y sin embargo me asusta, a mi y a otros muchos también.

Por la noche…

Pienso en mi piano, en su tumba del océano.

Ya a veces, en mí misma flotando sobre él. Allí abajo todo está tan inmóvil y silencioso, que me arrulla y adormece. Es una extraña canción de cuna. Y así es y es mía.

Hay un silencio, donde nunca ha habido sonido.

Hay un sonido, donde no puede haber silencio, en la fría tumba, bajo la mar profunda…

 

Te dedico éste post F, porque si ti, no habría blog.

Gracias a todos por leerme una vez más y por seguirme en bloglovin,

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Besos, Andrea Castro.

 

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