MALDITA SEA!

Se sentía furiosa. Sería por el pisotón que le había dado aquella vieja en la cola del supermercado, sin tan siquiera disculparse?

Tal vez fuese, porque la cremallera de aquel fabuloso vestido verde lima, estaba empeñada en no subir.

O quizá porque el cielo estaba gris plomizo.

Fuera como fuese, comprobar de camino a una sesión de fotos, que le había llegado un wathsapp de él, tampoco contribuía a que su día mejorase.

Maldita sea!, Se dijo.

Descargó el audio, y tras escuchar la canción que sonaba por el altavoz del aparato,paró en seco en mitad de la calle y bramó,para indignación de dos monjitas que iban enganchadas del brazo:

QUE TE DEN POR EL CULO!

Las monjas pasaron por su lado ceñudas, persignandose con sus dedos artríticos.

Siempre que veía una monja por la calle se acordaba de Batman.

Guardó el teléfono en el bolsilo trasero de su pantalón vaquero. A propósito,  ya que a él le ponía enfermo que lo hiciera, porque decía que era más fácil que le robaran. Un día te vas a llevar un disgusto, le repetía a menudo, como un mantra.

Tú eres mi disgusto susurró ella.

La sesión transcurrió sin novedades, estaba más que acostumbrada a que la fotografiasen, aunque una cosa es que estuviera acostumbrada y otra muy distinta es que le gustara hacerlo. Posaba por instinto y al parecer a la gente le gustaba, y no paraban de repetirle que era muy fotogénica.

Cuando terminó la sesión y de dirigió a su coche, al lado de una de las ruedas, vio que había tirada una estampita, la recogió y leyó:

Virgen del libramiento.

Joder, dijo riéndose, libramiento, eso es justo lo que yo necesito…

La metió en el bolso y se fue a casa con la música a todo volúmen y una sonrisa en la boca, hacía sol.

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ALEXITIMIA.

ALEXITIMIA: Transtorno que se manifiesta en personas que son incapaces de expresar emociones. Quienes lo sufren, no son capaces de identificar lo que sienten.

Este año he aprendido muchas cosas, una de las más importantes ha sido la importancia de una correcta expresión.

He llegado a la conclusión de que no hay arma más poderosa, que las palabras. Dulces, desacertadas, carentes de valor, inacertadas o hirientes.

Tanto poder guardan las palabras como la falta de ellas.

Se levantó muy temprano, ya nunca era capaz de dormir del tirón. Se puso su vestido azul, cogió su bolsa y se fue al único sitio en donde siempre encontraba la paz.

Bajó la pasarela de madera algo mareada, los últimos acontecimientos aún le daban vueltas. Se sentó y se descalzó, quedándose absorta, mirando el mar. Nunca dejaría de sorprenderse ante la inmensidad del mar. No entendía, como había gente, que prefería la estéril e insípida piscina.

Si hay quien se identifica con el sol, ella sin duda se sentía mar. Capaz de originar, desde la más absoluta calma, la más feroz de las tempestades.

En cuanto sus pies descalzos notaron la arena, ya se sintió mejor. Se desnudó, y con paso firme se lanzó al mar.

Nadó con todas sus fuerzas, hasta que sus jadeos le impidieron seguir. Cualquier día muero asfixiada, se dijo.

La gente en sus toallas se le antojaban hormigas, le gustaba esa sensación de aislamiento. La temperatura era bastante elevada, pero corría una agradable brisa.

Se sentía cansada. No, devastada. No, arrasada. No, derribada. Desolada. Colmada. Despoblada.

Sus últimas palabras aún le latían en las sienes, provocándole un daño terrible.

Decidió zambullirse, hasta lo más profundo. allí donde el frío te cala los huesos, donde puedes ver como tu alma se desprende de tu cuerpo, y donde todos los gritos quedan silenciados.

Se dejó flotar hasta la superficie, el frío siempre la hacía sentir viva, o lo que es más importante, simplemente la hacía sentir.

Boca arriba se dejó mecer por las suaves olas que se habían originado, con los brazos en cruz y todos los músculos laxos. Sólo entonces reparó en la cruz que dos aviones habían originado tras su paso. Fue inevitable no acordarse de la última vez que había visto en el cielo una estela igual. Sin duda esa era la señal que había estado pidiendo. La respuesta que tanto necesitaba. Y así sin querer incurrir en drama alguno, y con total tranquilidad, tomó la decisión que habría de cambiar el rumbo de su vida.

La ruleta había parado, todo al cinco, la suerte estaba echada…

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Gracias por leerme.

Gracias Bernard Betancourt, por tus fabulosas fotos.