Los ojos también sonríen.

Su despertador en forma de Yoda gigante, bueno, todo lo gigante que puede ser Yoda, la miraba con expresión escrutadora:

Tú antes molabas…

Vete a la mierda Yoda.

Tenía que arreglar unos papeles, y necesitaba sacarse unas fotos, tamaño carnet. Siempre iba al mismo sitio a hacerlas, ya que aunque odiaba a la dependienta, conseguía sacarla medianamente decente.

Y allí estaba aquella mujer, que no levantaba más de metro y medio del suelo, mascando ruidosamente chicle, y sonriendole, como si dos manos invisibles le tiraran de cada uno de sus carrillos.

  • Ponte aquí cariño – ya empezamos pensó. Odiaba que gente desconocida, le atendiera a modo de cariño, chuli, bonita. Al igual que también odiaba tener que besar las mejillas de los desconocidos. Le hacía retroceder a los ocho años, cuando llevaba coletas, y vestido a juego con zapatos acharolados:
  • ¿ No te acuerdas de mi, chuli?
  • No – respondía con un hilo de voz, pues siempre había sido muy tímida.
  • ¿Pero no te acuerdas de la señora Maruja?, La señora Ma ru ja le repetía su abuela apretándole la mano, como si por separar el nombre en sílabas, se fuese a acordar.
  • Da igual Carmen… – se apiadaba la tal Maruja.
  • Es que te digo que está insoportable, sale o pai – sentenciaba, haciéndole bajar la cabeza de la verguenza. en gallego, eso si, su abuela las maldades, las decía siempre en gallego.

Así que, sentada en aquel banco, lo único que deseaba, era que aquella mujer apretara el maldito botón de la cámara, para poder largase cuanto antes.

Pero no, claro que no, antes le tendió un espejito, para que comprobase que seguía teniendo todos los músculos faciales en el sitio.

Luego frunció el ceño, y situó el ojo en el visor de la cámara.

Pero no, claro que no. Se acercó a enderezarle el cuello de la blusa.

  • Cariño, los ojos también sonríen.

La hubiera abofeteado en ese mismo momento, se hubiera abalanzado sobre ella, y le hubiera arrancado media cabellera mientras rodaban por las escaleras.

Pero no, claro que no. En cambio, respiró hondo e intentó sin mucho éxito, que sus dos comisuras, apuntaran hacia el cielo.

La mañana transcurrió sin pena ni gloria, y por la tarde, se fue a la procura de internet, quería escribir.

Sacó el portátil, el boli negro, la libretita, el móvil, y los cascos.

Y como cada lunes, aquel friki la observaba  de reojo desde la silla contigua mientras estudiaba con su pequeño lápiz en la mano.

Entró en el blogg, allí estaba aquel comentario suyo que había sido incapaz de borrar. Aquel pequeño párrafo que ya había leído así como unas cientocuarentaysiete veces. Pero claro, el no tenía ni idea de eso.

Cómo tampoco sabía que lloraba todas las noches. Y a veces, gritaba en sueños. Que seguía paseándose desnuda por casa.

Que aún bebía cerveza en la bañera, mientras leía cómics. Y que comía más chocolate, del que le hubiera gustado admitir.

Que le encantaba escribir de madrugada, porque ya nunca podía dormir antes de las cinco de la madrugada. Que era incapaz de pintar. Que jamás pronunciaba su nombre.

Así que se armó de valor y escribió:

Te juro que no he derramado ni una lágrima por ti. Que ahora soy una chica decente. Me he vuelto abstemia, y sólo leo clásicos. Como saludable, y duermo siempre del tirón. He pintado cosas muy interesantes, y no me afecta para nada hablar de ti. Además me da igual si estás con otras. Y te juro, te prometo, que jamás te echo de menos. Te lo garantizo con total seguridad, con los dedos cruzados detrás de la espalda, tocando madera, y que me parta un rayo si miento.

_DSC1408

_DSC1418

_DSC1431

_DSC1453

_DSC1460_DSC1491

_DSC1475

Parce que tu es en moi…

¿Qué hora será? – Pensó mientras intentaba ahogar un bostezo sin mucho éxito, con las dos manos. Con los ojos aún entrecerrados se arrastró desnuda hacia el baño. Se lavó concienzudamente los dientes, sin mirarse al espejo. Se metió en la ducha, planeando bajo el chorro de agua tibia, el devenir del día. Quería llegar pronto a la biblioteca. Quería escribir. Y se sentía tranquila allí, rodeada de tantos libros. Era su biblioteca predilecta, porque era tranquila, luminosa y acristalada, y eso le proporcionaba un clima óptimo para concentrarse. A estás alturas tecnológicas, debía ser la única mujer en la ciudad, que no contaba con internet en casa.

Mientras se secaba, se le resbaló toalla, cayéndose al suelo. Entonces lo vio. Allí estaba, aquella afirmación en tinta. Ocho palabras, que morderían su blanca piel de por vida. Un juramento roto. Y mil ilusiones, tapadas bajo esa compleja estructura dérmica.

Sonrió al recordar lo ridículo de su jornada playera del día anterior. Cuando en la orilla, mientras aspiraba el olor a sal con los ojos cerrados, una voz de hombre la sobresaltó.

  • – ¿Porqué una golondrina, no se suelen ver por aquí?
  • – ¿Disculpe?
  • – Perdona que te moleste, es que me llama la atención tu tatuaje. Supongo que tiene un significado especial para ti.
  • – Supone bien. -Dijo, mientras se zambullía, en un intento, por desaparecer. Pero cuando volvió a sacar la cabeza a la superficie allí estaba sonriéndole el hombre.
  • – Yo tengo éste, es de la Cábala. -No me jodas, pensó para si, lo que me faltaba ya… ¿No era esa la religión de la que se había hecho adepta Madonna?
  • – Significa el cielo y la tierra, y en el medio estamos nosotros. Porque lo más importante es Dios, él es todo, lo crea todo…

Se alejó de aquel hombre y su fervor por la Cábala buceando, no aguantaba más, y ya hacía tiempo, que había asumido, que nunca llegaría a ser una señorita elegante y bien educada.

El sol caía como una bofetada, y ni una hoja se movía de los árboles que veía a su paso.

Ya frente a su ordenador portátil, le atacaban las mismas dudas momentáneas de siempre. – ¿Tendrá calidad?, ¿ Le gustará a la gente?, ¿O simplemente se conforman con ver imágenes de mi misma, para ver lo bien que combino los complementos entre si?

Tenía el texto, las fotos ya estaban escogidas, ya sólo faltaba un título. Sade le cantaba con voz  cadenciosa by your side en su oído.

Sus dedos bailaron por el teclado:

Parce que tu es en moi…

_MG_0351

_MG_0355

_MG_0407

_MG_0381

_MG_0396

_MG_0411

_MG_0440

_MG_0445

_MG_0478

_MG_0464

Muchas gracias a mi amigo Bernard Betancourt, por ésta fabulosa sesión fotográfica, aquí podréis ver parte de su excelente trabajo http://bernardbetancourt.com/

Y cómo no, Armando Gómez,  mil gracias por tu amabilidad infinita, y por haberme prestado sin reservas, tu maravilloso Galo do vento.

 

BROTARON ROSAS

  • Vamos a ver, ¿Qué pasa?
  • Nada
  • ¿Cómo que nada ? Tía que no te quiero echar la bronca, ni ser una cansina, pero tienes que animarte. No puedo permitir que te hundas. Cuando por fin te dignas a coger el teléfono, te noto siempre decaidísima.
  • No se que decir…
  • Eres la hostia tía, tienes mucha imaginación, eres ingeniosa, simpática, gustas incluso cuándo no quieres hacerlo. Vistes bien, dibujas bien, escribes bien. A mi me haces reír, eres la única que sabe acertar con una palabra de consuelo cuándo estoy mal. Tienes un buen punto de psicóloga, se te da bien analizar a la gente. Eres rara de cojones, pero en el buen sentido. Puedes hacer miles de cosas, porque te sobra el talento. Sigue con ese blogg que tienes, en el que mezclas varias de esas cosas y está muy guay. Es cómo si fueras contando pequeños trozos de la vida de una persona, y siempre dejas a una con ganas de saber más.

No pudo responder, pues la batería de su teléfono móvil había expirado, lo cierto es que no sabía muy bien que decir.

Decidió ir a ver otra vez la exposición de arte, que había en la fundación. Había tantas obras interesantes, que sabía que con una sola visita no quedaría satisfecha. Además era incapaz de dejar de pensar en aquel cuadro.

En el, una mujer rubia junto a una columna, mostraba una larga y rubia cabellera, a juego con el vello de sus axilas y pubis. Sus pechos también descubiertos. Los ojos cerrados. Uno de sus brazos rodeando la columna. En su vientre, cinco rosas brotando sangre. Pero no era eso lo que la atrapaba. Lo que llamaba toda su atención era una sombra misteriosa, casi mimetizada en gris.

¿Sería por esa sombra, que la mujer mostraba ese aire de abandono?

Junto al cuadro, una ficha explicativa informaba escuetamente al visitante, de la fecha, procedencia, etc. Ficha que ella no leería jamás, ya que le encantaba descifrar por ella misma el significado de los cuadros, inventándoles extravagantes historias.

De vuelta a casa se tumbó en la cama. Su cama blanca, con su fino edredón blanco, sus sábanas blancas y sus cuatro paredes blancas. No sabía cuánto tiempo había pasado allí tendida, mirando la nada blanca, pero el cielo ya empezaba a mostrar los tonos naranjas del crepúsculo.

Se quedó dormida de inmediato, y en su sueño profundo, brotaron rosas sangrientas.

_DSC0728

_DSC0740

_DSC0846

_DSC0860

_DSC0904

_DSC0921

This summer´s gonna hurt like a mother_ _ _ _ er.

Sonrió, al escuchar aquella pegadiza canción. En la que el vocalista sufría imaginándose a su ex novia, pasándolo de fábula en diferentes situaciones. Parece ser que hasta los jóvenes, ricos y exitosos, sufren por amor.

Se sentó desnuda encima de una montaña de ropa descartada.  Mierda, no tengo nada que ponerme.

No es que le encantara salir de fiesta, más bien se solía aburrir como una ostra, pero que iba a hacer?

Se lo tomaba como un estudio sociológico. Le divertía observar el comportamiento de la gente.

Te recogemos en media hora, anunció a bocajarro la pantalla de su móvil.

Vas a salir así?

Si por qué? No estoy bien?

No es eso, es que yo no se en donde compras la ropa. Las chicas de tu edad no visten así, y en los escaparates nunca veo esas blusas que llevas, con esos estampados…

Vale papá, tengo que irme.

Ya en la parte de atrás del coche, le llegaban retazos de una conversación, que sábado tras sábado era la misma.

Estás bien?

Si,  estoy bien, te estoy escuchando.

Siempre empezaban la noche en el mismo local, donde la media de edad rondaba los 40 años.

No entendía por qué los camareros lucían ese deje de superioridad en la mirada. Al fin y al cabo poner gin tonics, tampoco es el gran logro de la humanidad.

1 Enfriar la copa de balón con un rápido meneo.

2 Escurrir el agua de los hielos.

3 Raspar eficazmente un trozo de cáscara de limón, para posteriormente restregarlo por el borde de la copa. Y después echarlo junto a los hielos.

4 Verter la ginebra deseada.

5 Y por último, pero no por ello menos importante, echar la tónica, de manera que choque directamente con  un instrumento, que en apariencia es mitad cuchara, mitad varilla.

Ella observaba atentamente ese ritual, mientras estaba segura que era una forma de incrementar el precio de tan estimado brebaje.

Oye estás bien?

Que si, te estoy escuchando.

Que tomas?

Martini.

Martini? Así sin más?

Sin más no, con hielo.

Quién coño pide Martini?

Pues yo, y una cincuentona Siciliana recién divorciada .

Que rara eres…

Pero ella ya no escuchaba, porque sus caderas se movían sin permiso de un lado a otro, y sus brazos arañaban lo que le hubiera gustado que fuera el cielo.

Enfiló en dirección a los servicios. No sin aturar  de camino, alguna que otra  babosada y mirada lasciva de hombres de la misma edad que su padre.

Que asco joder.

Se encerró en el baño, se sentía mareada. Desde el lavabo le llegaban sollozos de una chica que le moqueba a su amiga en el hombro, acusando a su novio de haberle sido infiel, entre sonoros hipidos.

Veo que los hay peor que tú, pensó.

Cambiaron de pub. Nada de camareros atléticos. Ésta vez, por un módico precio de 5 euros una aburrida veinteañera te obsequia con una mirada de desprecio mientras te sirve una cerveza.

Más baile, más calor, más dolor.

Mientras  recorrían las calles hacia su casa, sus neuronas hacían un rápido cálculo del dinero gastado. Y mil maneras de gastarlo más satisfactoriamente.

Ya había amanecido, la ciudad se le antojaba distinta o quizá distante.

This summer´s gonna hurt like a motherfucker, cantaba Adam a través de la radio del Volkswaguen Polo…

_DSC0675

_DSC0694_DSC0715

_DSC0719

_DSC0763

_DSC0748

_DSC0772_DSC0791