Las palabras SON la vida.

Dear F.

No se muy bien como empezar este email. Supongo que por decir que siento haber estado ausente todos éstos días.

Me han seleccionado para participar en otro desfile, pero no se si voy a ir. El diseño que tengo en mente no va a ser barato, y se que éste no es el mejor momento para gastarlo en telas. Podría diseñar algo más simple, o con material más barato, pero este diseño me persigue hasta en sueños y se que tiene que ser éste. quiero que la gente se quede con la boca abierta. Ya sabes  que no me basta con participar, yo quiero llegar a ser la mejor.

Así que como entré en un bucle de confusión, en el que ya no sabía ni por donde coño tirar, me he liado a andar. Y escuchando música y dándole a las patas, he llegado al Náutico, y algo me empujó hacia aquel sitio, en el que iba algunas tardes de domingo, a comer pipas, y ver la ciudad, desde otra perspectiva.

Una vez allí, creo que me volví loca, me empecé a enfadar y a escribir con tanta rabia que el boli rajó dos hojas del cuaderno.

Te transcribo el bonito poema que le he dedicado, porque necesito que me des una de tus famosas “ostias de realidad”.

Dónde estás ahora, eh?

Dónde estás, mientras Michael Nyman, toca el piano para mi y me eriza la piel.

Dónde estás mientras el cielo se tiñe de naranja,

Dónde estás mientras me maldigo por no saber robar uno de éstos barcos, para poder irme lejos.

Dónde estás mientras fulmino con la mirada a esa gaviota que extiende sus alas hacia el cielo.

Dónde estás ahora que lloro tinta y rabia.

Ya lo se. Haciéndote un selfie, con luz mortecina, marcándo bíceps, y que se vea bien, que estás tatuado, que es muy de modernos.

Ésta mañana después de andar a vueltas limpiando la casa y poniendo lavadoras, me he ido a la playa. Hacía sol, y hay muy poca gente, sólo se escucha el murmullo del agua en la orilla.

Estába deliciosamente fría, y tan clara que podías ver la arenas a tus pies, formando ondas.

Ya han quitado las boyas, supongo que eso quiere decir, que el verano ha acabado. A mi me da igual, cuánto más adentro nado, más paz y felicidad siento.

De repente me sentí bien, como si por primera vez fuera consciente de mi libertad. Se que te va a sonar ridículo, pero creo que es un hecho tremendamente significativo, y no todo el mundo puede sentirlo.

Cuando nadaba hacia la orilla, vi a una mujer sin un pecho, y con la inconfundible cicatriz de haberse enfrentado a un cáncer de mama. Esa mujer, le había visto la cara a la muerte tía, y yo me quejo de qué?

De que coño me quejo yo…?

Me he jurado a mi misma, dejar de compadecerme de una puta vez. Aplacar el miedo, y buscar sin descanso la felicidad.

Dicho esto, me voy a leer un rato, luego me cuentas tu first day, besos.

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Sin bombo ni platillo.

Había retrasado todo lo posible, el levantarse de la cama aquel día. Estaba escondida bajo el nórdico, pensando en todo a lo que tendría que hacer frente aquel día.

No quiero!, No quiero ir, y no voy a ir!

Cuando al fin se sentó, ante un tazón de colacao humeante, y un zumo de naranja, el reloj ya marcaba las 13:04.

Muy buena hora para desayunar chica, si señor!

Cómo empiezo, cómo?!

Haz una lista, le recomendaba dulcemente una amiga siempre, en aquellos casos.

Tarea fácil para cualquier mortal a excepción claro está, de ella, que a la segunda línea, ya probablemente, estaría garabateando la hoja, con maniquíes ataviados de imposibles vestidos.

Venga deja de pensar en tonterías y ponte a trazar un plan -se dijo.

Un plan: mi plan es ser feliz, y cambiarlo absolutamente todo. Cambiar el mundo si es necesario. Y si Dios dicen que creó uno en 7 días, yo no voy a ser menos. Aunque eso si, he de poner más atención que él, porque mira tú como le ha salido el chiste.

Sentía mareo sólo de pensar, el cambio drástico que en poco tiempo, se le avecinaba. Estaba tomando quizá, la decisión más importante de su vida, y como siempre, sin bombo ni platillo, expresión que tanto le divertía.

Es curioso, como todo en su vida había sucedido, y lo había aceptado de manera natural. Como si una parte de si misma, en el fondo pensase, que la felicidad, o el triunfo,  eran cosa de otros.

Había cumplido los dieciocho años, sin miramientos. Cuando pasó a los veinte, nadie le hizo una fiesta sorpresa. Y ahora que acababa de estrenar la treintena, no había contado tampoco, con palabras que le hicieran llorar. Ni besos de hombres que te hacen temblar las piernas.

Le daba igual. Había estado esperando algo durante toda la vida. Un cataclismo, una pasión arrebatadora, una maleta repleta de dinero, algo. Y ahora ya se había cansado. Ya no esperaba nada absolutamente de nadie. Y jamás se había sentido tan bien consigo misma.

Su móvil, empezó a vibrar sin cesar. En la pantalla cuatro letras.

  • Hola
  • Hola guapa! Que haces?
  • Pues aquí en casa, planeando mi vida.
  • Te recojo en media hora y te llevo a ver algo, que nunca te esperarías… -Ella no pudo contener la carcajada, por la coincidencia. Tenía que reconocer que la oferta era tentadora.
  • Venga, di que si. Además niña, la vida no se planea, se vive!

Todo mi agradecimiento y admiración a mi amiga Megan Alonso, por estas fotos tan bonitas, que son exactamente, como yo las imaginaba en mi cabeza. GRACIAS.

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ººº FIN ººº

Salió del examen exultante, le había salido perfecto. Poco le importaba que aquella profesora la mirara de arriba abajo, posando su furiosa mirada, en sus largas piernas desnudas, cada vez que cogía el material necesario para realizarlo. Se sentía segura de si misma, de sus conocimientos y de todo lo que iba a realizar esa tarde. Pero sin embargo no pudo evitar que le temblasen un poco las manos.

Sería faltar a la verdad, si omitiese que mientras atravesaba el pasillo de aquel instituto, sintió el impulso de lanzarle un reproche mental, a aquel que algún día había protagonizado junto a ella, una parte de su vida.

– Hoy hubiese necesitado tu apoyo. Necesitaba tu mano en mi pelo, y tu boca en mi oído susurrándome, eres Wonderwoman, puedes con todo.

– Pero como siempre en los momentos importantes, no estás. Y en algo te doy la razón: puedo con todo, y sola, que es lo mejor.

Estaba orgullosa de si misma, de haber defendido siempre su postura, desde el respeto. Nunca había creído en la ley del miedo, tampoco había agachado la cabeza. Jamás miraría hacia otro lado antes las injusticias, como muchas de sus compañeras, que con un mediocre aprobado, olvidaron todo lo que habían padecido aquel curso.

Hubo dos profesoras protagonistas durante aquel curso escolar;

La que vino de sustituta. Carente de preparación para la materia a impartir, pero muy rica en despotismo y altivez.

Una mujer que impartía un clima más parecido a un patíbulo, que a un aula.

Después de un examen, en el que hacía gala de un peculiar sistema de calificación, tardaba varias clases en dejarte examinar tu propio examen, y cuando lo hacía, te obligaba a verlo en su mesa, de espaldas a las compañeras, y durante tan sólo cinco minutos.

Pero nadie se quejó, ni siquiera aquella, compañera que le pidió que le dejara sumar en un papel, las puntuaciones de las preguntas. Nerviosa se le cayó el lápiz al suelo. Y aquella buena mujer, le espetó:

– Suma, suma, que ya restaré yo luego. -Con una sonrisa en los labios.

– Mira yo no tengo todo e día, eh. -Si no sabes sumar no es mi problema…

Todas estaban conmocionadas, pero nadie se quejó, ni siquiera aquella compañera, que tenía aquella vocecilla tan dulce, a la que siempre ridiculizaba por sus numerosas faltas de ortografía.

– Vi tu examen y me asusté. Le dijo un día jactándose, mientras dejaba caer su examen en la mesa.

La otra protagonista, era mucho mejor. Aquella gozaba del privilegiado estatus de tener una plaza fija, y el respaldo incondicional, de sus colegas.

Aquella con la que ella había tenido varios desencuentros.

En el último, en el que tras una simple pregunta, y tras verse desprovista de la razón, y de argumentos, le dijo:

– Eres unha maleducada.

– No, la maleducada eres tú. Y no volvió a su clase.

Aún podría acordarse, de todas las veces, que había visto salir de aquel taller, a alguna compañera llorando a lágrima viva.

Pero nadie se quejó.

¿Para qué? Es tan sólo un año… Que más da… Hay que aprobar y punto. Decían algunas de sus compañeras.

Esas mismas, por las que seguramente, la mujer seguiría sin derecho al sufragio universal. Total, que más da, es tan sólo un papel en una urna de plástico, no?

Había otra profesora, amena, educada al máximo, y con ese aspecto inconfundible que tienen los progres.  A la que en teoría podrías contarle, cualquier problema que se te presentarse durante el curso. La práctica, era que cada vez que oía alguna queja, hacía caso omiso.

No todo había sido agrio.

Había la que la hacía reír, y le advertía por los pasillos: eres demasiado sincera….

Estaba la que explicaba balances, de manera sencilla, con su rico acento lucense.

Y también una moderna profesora, que siempre buscaba la manera de hacer sus clases más didácticas. Inculcarles, la importancia de la motivación, para poder algún día llegar a ser unas buenas líderes. La que les ponía algún documental, en la que una actriz española, se metía en el pellejo, de Clara Campoamor.

Había sido un curso duro, en el que sin duda había aprendido, la lección más importante de todas…

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AC (28 sur 143)

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Fotos de Bernard Betancout http://bernardbetancourt.com/

Que baje Dios y lo vea…

Había muchos tipos de hombres, eso lo tenía claro, y en apenas tres días, se había topado con al menos tres de esas peculiares especies.

AL QUE MÁS HABÍA QUERIDO:

La perfección de una estalactita, frío y rígido. Que la observaba de soslayo, desde lo alto de su mullido trono.

Ella por su parte, una extraña intentando encontrarse en sus ojos color miel.

Él parecía recién salido de un videoclip de One Direccion, ella en cambio parecía salida de un casting para un remake de la familia Adams.

  • ¿Que te quiere?
  • Si, dice que me quiere, pero que no puede estar conmigo
  • Y una mierda! Tia, si te quisiera te lo demostraría de alguna manera, vamos digo yo. ¿Que te ha demostrado en un año?
  • Nada
  • Es que de verdad, me pongo de mala ostia, que te quiere… Si eso que hace él es querer que baje Dios y lo vea…

EL (falso) TÍMIDO:

Su  teléfono móvil empezó a vibrar:

  • Hola, ayer estabas en el Habla y en el Point, verdad?
  • Si. Nos conocemos? – Era una pregunta retórica, pues no sabía, quien era aquel hombre, que en una foto, lucía bañador y abdominales.
  • No… es que tengo tú número, y no se porque… Tú recuerdas haberme visto?
  • Pues no la verdad, lo cierto es que había mucha gente.
  • Tú llevabas un vestido, estabas preciosa, no podía dejar de mirarte.
  • Vaya, gracias. Pues que curioso. Y porque no me viniste a saludar?
  • Verás es que yo soy muy cortado, y haber como te explicaba toda esta película… Me muero.
  • Hombre, visto así…
  • Claro! me hubieras mandado a la mierda.
  • Tanto cómo mandarte a la mierda, tampoco.
  • Me moría de ganas de hablarte. Pero no me atreví.
  • Tanto te impongo como para no ser capaz de saludarme?
  • Uf, vaya si me impones, es que me gustas muchísimo. -Ahora si… Esto parece una maldita comedia romántica. Si es tan tímido, cómo coño se las arregló para pedirme el teléfono?
  • Lo raro es que yo te haya dado mi número, así sin conocerte de nada, no suelo hacer eso…
  • La verdad no me acuerdo de como lo conseguí.
  • Cómo ibas vestido? Quizá por algún detalle de la ropa, me acuerde de ti.
  • Llevaba un vaquero, Converse blancas bajas, y una camisa a cuadros, blanca y negra. -Lo recordaba perfectamente, le había llamado la atención su barba, y que llevara la camisa abotonada, hasta el último botón del cuello, todo un hipster.
  • Vale ya e acuerdo.
  • Si?
  • Si, estabas muy cerca nuestra.
  • Como para no estarlo, eres un mujerón y me atraes muchísimo.- Que coño, significa ser un mujerón? Una mujer muy grande? Se preguntó frunciendo el ceño…
  • Me encantaría tomarme algo contigo algún día…
  • No veo porqué no…

EL QUE NO TIENE NADA QUE PERDER:

Se encontraba, ésta vez, en su ghetto, delante mismo de su propio portal, recordando viejos tiempos, en los que faltaba la experiencia, pero sobraba la ilusión.

Un coche para a cinco metros de su coche, y da marcha atrás;

  • Hola chicas! Vengo de fiesta, y acabo de dejar a un amigo en su casa.
  • De fiesta un lunes? -Tuvo que interrumpirlo de inmediato
  • Si, de las fiestas de San Campio, en Valladares.
  • Vaya Hombre! que vienes, de echar unas piezas? -Preguntó su amiga.
  • Vosotras que hacéis os animais?
  • No gracias nosotras ya nos vamos a dormir.
  • Que pena! Bueno pues nada, encantado, chicas!

Se echaron a reír, mientras el coche de aquel chico se alejaba. No dijeron nada, pero a ambas, les hubiera encantado bailar, con el que no tiene nada que perder, aunque fuera, frente a la orquesta en una fiesta de pueblo.

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Fotos: Bernard Betancourt

http://bernardbetancourt.com/