La tinta de mis venas.

Todo tiene su naturaleza. Su esencia y su forma, y es absurdo intentar cambiarla. Ella sólo trataba de burlar a la suerte. De darle esquinazo, jugando a un juego del que ni siquiera conocía las reglas.

El jueves cobro, se repetía intentando tranquilizarse. Odiaba vivir esclavizada por banalidades como el dinero. Pero el caso, es que ese poderoso elemento, le proporcionaba, muchas de las cosas que a ella le gustaban.

Había crecido con la amenaza de la muerte mordiéndole la nuca. Por eso no le tenía ningún miedo, la aceptaba como algo natural. Quizá era ese el motivo por el que le gustaba tanto tatuarse. De ese modo intentaba desesperadamente anclarse a la vida. Una vida que cada día le aburría más.

Era una rara para algunos y una loca para la mayoría. A él sin embargo parecía gustarle el sabor exacto de su locura.

Salió de casa a las 00.07h. No soportaba más el tedio. La tele encendida, los largos silencios de su padre, el olor de sus propios pensamientos.

Se deslizó con su coche por las calles desérticas y oscuras. Esas calles que la habían visto crecer, sufrir, reír. Esas calles de las que ahora, tan lejana se sentía.

Así, llegó a la playa. Su playa. Donde hacía mas de tres décadas había sido concebida, con amor. Un amor que un día se escurrió, entre unos dedos entregados, unos labios temblorosos y una mirada que ya jamás reflejaría luz.

No titubeó, no se lo pensó. Se detuvo en la orilla. Arrojó su vestido a la húmeda arena. No llevaba ropa interior. Se descalzó, y se zambulló, en ese mar, que siempre la acogía con serenidad. No había luna, pero no la necesitaba, pues miles de estrellas titilaban en la inmensidad de ese cielo negro.

Allí desnuda de madrugada, acunada por ese mar en calma, se sentía en paz, libre. En su brazo cuatro letras, la anclaban a la vida. Una vida que se moría por comenzar.

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La Vía Láctea

Galaxia de la Vía Láctea o simplemente Vía Láctea es una galaxia espiral donde se encuentra el Sistema Solar y, por lo tanto, la Tierra. Se calcula que contiene entre 200 000 millones y 400 000 millones de estrellas. Sus características hacen que sea una galaxia única.
No se encuentra en quietud, si no que está rotando constantemente. Contiene una gran cantidad de polvo y gas, por lo que se están formando constantemente en ellos nuevas estrellas.
El corazón de la Vía Láctea está repleto de gas, polvo y estrellas, es la razón por la que solamente podemos ver un pequeño porcentaje del total de estrellas que existen en la galaxia. El polvo y el gas son tan espesos en su interior que impiden la visión completa de toda la belleza que hay en el exterior.

Se desnudó  despacio frente al espejo. se miró detenidamente. Allí estaban las huellas de la noche anterior tatuadas en su cuello. las otras huellas no eran visibles, pero era evidente, allí estaban.

Tenía la certeza de que algo había cambiado en su interior irremediablemente. Aún podía sentir sus besos en su espalda, su lengua en sus pechos, sus manos asiéndola de sus caderas con fuerza.

Él la confundía, no conseguía entenderlo a veces, y eso la frustraba terriblemente. Meridianamente opuestos, y a su vez, encajaban deliciosamente bien. Él contenido y sereno. Ella puro entusiasmo y bipolaridad. Una tila templada servida en taza de porcelana contra anfetamina de los ochenta aspirada en un baño público.

Conversaban durante horas. Ella abría mucho los ojos, bebía todas y cada una de las palabra que salían de su boca. Él hablaba de filosofía, de la vida, de sus amigos. Se reía y gesticulaba alegremente. Ella seguía sus expresivas manos con cautela.

Solía parar de hablar de manera tan inesperada como abrupta, y su expresión cambiaba en cuestión de segundos. Fruncía el ceño,y aparecía esa mirada. Porque ella había aprendido en poco tiempo, que a veces, cuando el miedo te impide pronunciar ciertas palabras, en ese momento es cuando los ojos retoman la charla.

Ella bajaba a veces la mirada, se sonrosaba otras, y las menos mantenía la mirada desafiante. Era entonces cuando él la agarraba del cuello y la atraía hacia si.

– Quiero besarte…

Sus labios apenas se rozaban. Pero ella acusaba el golpe en todo su cuerpo. Se besaban con fuerza, con ganas, con la urgencia del que no creía en ello, y con la extrañeza de la que no se explicaba cómo.

Se lamían, se mordían, se entrelazaban y sudaban al compás de una música que ambos sabían que cesaría pronto.

Ella se dejaba hacer, cerraba sus ojos con la entrega que te otorga la confianza plena. Él la miraba, la admiraba.

– No tienes ni idea de lo preciosa que eres. Tus ojos Andrea. Esos preciosos ojos perversos, me recuerdan a la Vía Láctea. Tienes todos sus colores…

Quizá él tuviese razón. Puede que después de todo ella fuese igual de especial, única  e inaccesible que esa Galaxia, La Vía Láctea…

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