FINJAMOS

Finjamos que ya no tropiezo con ese dichoso escalón, todas las mañanas medio dormida, cuándo subo las escaleras.

Finjamos que he matado a la niña asustada que a veces se asoma tras mi mirada de mujer adulta.

Finjamos que no te echo de menos, y que no hay día que me acuerdo de ti.

Finjamos que tanto si me pasa algo bueno, como algo malo, no siento la necesidad imperiosa de ir corriendo a contártelo.

¿Darías entonces marcha atrás?

¿Nos tragaríamos las palabras que nos disparamos en aquella maldita conversación?

Finjamos que por fin me atrevo a decirte como me siento. ¿ Recapacitarías? ¿ Te darías cuenta de que soy la que merece la pena? ¿ De que puedo hacer de tu vida la más divertida de las locuras?

Finjamos que no me has dicho todo lo que me has dicho.

Finjamos que no te he sacudido por dentro como un huracán.

Finjamos que no creías que iba a ser unos polvos, y he acabado marcada en tu piel.

Finjamos que el motivo por el que cuando cierras los ojos sólo me ves a mi, es que quizá me quieras y no como a una amiga.

Finjamos que empeñas tu orgullo al mejor postor.

Finjamos que desaparece aquella habitación de hotel y que aquello no acabó conmigo.

Finjamos que mi pasatiempo favorito, no era mirar el mar, sabiendo que tú me mirabas sólo a mi.

Finjamos que la decepción no me ha golpeado duro en la cara.

Yo por mi parte cielo, fingiré que soy importante para ti. Que aún no has olvidado el olor de mi pelo.

Que no has besado otros labios. que no has acariciado otro cuerpo desnudo.

Que tu intención no era matarme de hipotermia con tu invierno.

Fingiré que los milagros existen, que la gente cambia.

Y fingiré que sabes lo que quieres, y que lo que quieres, soy yo.

Fingiré que no me desvelo cada noche, porque ¿Sabes?, es imposible conciliar el sueño, cuando tú te los has llevado todos.

 

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Madness

¿Cómo explicar lo que sientes, cuando has dejado de sentir?

 

El móvil vibraba. Echó un vistazo en su dirección, no podía. No podía hablar. No quería ver a nadie. No tenía nada que decirles.

Vio como tras vibrar durante minutos, caía al suelo. No le importó. Siguió, observando como el viento, movía las hojas amarillas de los árboles.

Cerró los ojos, y se arrebujó con la manta. El jardín era pequeño, pero le aportaba paz, allí podía respirar. Con los ojos cerrados se concentró, en el sonido del viento. Las hojas emitían sonidos al rozarse con las ramas. Unos niños a lo lejos, se reían. Un perro ladraba sin cesar.

Tomó un sorbo de té. Debería comer algo. Bueno, quizá más tarde. -Se engañó a si misma.

Miró al cielo, siempre le había gustado ver cómo se mueven las nubes.

 

¿Cómo sentirte integrada, cuando siempre has sido diferente?

 

A los ochos años, su vida cambió para siempre. Y a finales de un mes de Octubre se convertiría para siempre en una persona diferente.

Los recuerdos del colegio eran una mierda. Podía recordar con claridad aquella mañana, en la que la profesora de lengua y tutora del curso la llamó a parte.

– He corregido tu redacción. Tienes algunas faltas de ortografía, pero es buena Andrea. Tienes algo especial. Hay algo diferente, en ti. Eres una pésima estudiante, parece no interesarte nada, siempre en tu mundo. Pero cuando escribes, se te ve el alma.

Ella observaba por la ventana.

– ¿ Me estás escuchando Andrea?

– Desde luego que si, profe.

– ¿ Te gusta leer?

– No mucho – Mintió. En sexto de primaria ya se había leído a Kafka, Benedetti, Hesee, y el resto de libros que sus padres tenían en casa.

– Pues tu vocabulario indica lo contrario. Usas un lenguaje poco habitual para una niña de tu edad. Nunca participas en clase, pero tus intervenciones en debate son brillantes. Tus conclusiones son inteligentes.

– La vida no siempre va a ser esto.¿ Comprendes? Mira, lo que quiero decirte, es que tienes que escribir.

– ¿Escribir? ¿Escribir que?

– Lo que quieras, lo que sientas. Haz un diario, y escribe cada día.

 

¿Cómo evitar lo oscuro, cómo negar tu naturaleza?

 

Se pasó el dedo por el labio inferior. Era inevitable pensar en él. Su odio, desde hacía unos meses atrás. Tan suyo, tan ajeno. El hombre comedido y sereno. Frío e inmaduro, que en algún momento de su vida, había decidido no sentir. Y ella, obviamente no le venía nada bien. Tan loca. Casi salvaje, siempre hambrienta de vida de experiencias. O todo o nada, o luz o sombra. No la quería en su vida, pero sin embargo se resistía a dejarla ir.

Ella miraba al cielo con los ojos cerrados.

 

Mientras, su té reposaba ya frío sobre la mesa, el móvil, seguiría vibrando en el suelo.

 

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Común denominador

LA ANALÍTICA:

– Yo flipo con éste tío de verdad, cómo se puede ser tan inmaduro. Ante la menor dificultad ála. Es que no hace nada de su vida. Quedar con sus amigos e ir al concurso de tapas. Yo sinceramente creo que le has venido grande fatty. Le gustas, pero no va a cambiar nada en su vida ni va a mover un dedo por ti.

Sigue sin conocerte y sin entender nada. Lo único que le preocupa es eso, perderte como amiga, porque se cree demasiado cool para eso. Ah y también por si vuelves a Vigo, no descartar un roce.

Lo peor de todo es que te ha hecho mucho daño, y a él le hace gracia. Fue un novio de mierda, pero lo usa como chascarrillo, no como arrepentimiento.

Me mata tía, me mata. Yo que tú intentaría bloquearlo un tiempo. Porque hacerle entender es inútil. O eso, o se está haciendo el duro y te echa de menos como un cabrón.

 

EL ORÁCULO:

– Que gilipollas. Pues nada, que le vaya bonito. Y tú dedícate a ti misma, que no sé que coño les pasa a los hombres. Que le den. Así de claro. Pero cómo vais a ser amigos!

Mira no sé, no me hagas mucho caso, que estoy pasando por un momento horrible y no me animo ni a mi misma. Lamentablemente, es algo por lo que tienes que pasar, y debes intentar llevarlo lo mejor posible.

 

LA PROPERLY:

– Waaao que guapa estás!!! Te has cortado el flequillo. Pareces otra, te queda super bien.

Te ha salido un herpes, sabes que no sólo salen por nervios, sino que también salen si estás muy triste?

Tienes que intentar dormir. Y comer, que te estás quedando flaca, casi no comes…

Pero, no llores, Andreíta bonita, que yo te quiero, y molas mucho.

 

LA ROMÁNTICA:

-No entiendo mucho, ni me parece justa su actitud… Es egoísta, o quiere seguir ahí por “otro” motivo?

Por que mira, es muy fácil decir que quiere ser tu amigo, y que él fue el malo, y bla bla… Voy de víctima en plan limpio mi conciencia.

Yo creo que no te entiende, nunca lo hizo. Me vas a perdonar, pero acaba de demostrar que no está a tu altura. No voy a hablar de merecimientos, pero una persona así, no es con quien tu quieres compartir tu vida.

Ojalá estuviera ahí para darte un abrazo y beber hasta quedar K.O. Abrazos, beber y llorar, y ya está.

 

LA FEMINISTA:

 

-Yo a los hombres no los entiendo. Creo que se siente mal, pero hay diferencia entre sentirse mal, y amar a alguien.

 

EL PACIENTE:

 

-Tiene miedo. No sabe bien lo que ha hecho, y se está dando cuenta de que la ha cagado. Si estuviera seguro de su decisión no te escribiría. Porque para qué te escribe, si ya no hay nada?

Yo creo que no está seguro de haber tomado la decisión correcta, pero si te quiere, se tiene que mojar. Porque lo mejor en la vida nos cuesta. Y tú eres la mejor.

 

El PRÁCTICO:

 

-Éste es tonto. Regla universaaaal, los ex no son amigos. Por el amor de Dios, respetemos las tablas de Moisés.

Mira niña, tu lo que tienes que hacer es ponerte a escribir.Que tienes un talentazo que no te coge en el coño y no se puede aguantar.

Escribe un relato, y yo te lo envío a todos lados. Vas a triunfar nena, lo sé. Y yo estaré a tu lado, seremos como la Pantoja y María del Monte en los noventa!

El sábado me paso a recogerte por el trabajo, que tengo unas ganas de verte…!

 

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Silencio

Se desnudó torpemente frente al espejo. Su cuerpo estaba lleno de marcas, le había mordido a conciencia, mientras ella inútilmente y muerta de la risa, trataba de resistirse, hace lo que parecía ya una eternidad.

– Voy a morderte hasta que me dejes quitarte el vestido. Su voz resonaba en su cabeza.

Las lágrimas la ahogaban.

 

Silencio

Lo peor de todo era esa sensación de fracaso. De sentirse una mierda. Algo malo debía habitar dentro de ella, para llegar siempre al mismo punto.

– Eres muy intensa, demasiado.

Silencio

El agua ardiendo caía sobre sus hombros, se enjabonó con furia, se frotaba enérgicamente la piel, ya roja por la fricción, quizá así podría borrar las marcas, el paso que él dejó en su cuerpo, como un huracán. Un huracán que lo había devastado todo.

Se acarició el cuello, él la había sorprendido con una finísima cadenita dorada de la que colgaba un cubo pequeñito, en cada cara un color… Que ilusión sintió al verlo!

Eso fue antes. Antes del que llegara el silencio.

Horas más tarde se lo devolvería, sin que él se diese cuenta. No le parecía justo quedárselo. No le pertenecía. Quizá ya lo hubiera devuelto. Quizá se sentía aliviado. Quizá luego fue a desayunar y leyó atentamente las noticias del periódico. Quizá se fue a comprar el pan tarareando una canción de Chris Brown, que guapo ya se sabe que no es, pero bailar baila de lujo. Quizá a esas horas estaría con sus amigos, de fiesta.

Se arrastró hasta la cama. Los recuerdos no cesaban.

Ella contenta, ella riendo. Él mirándola.

-Sabes lo que más me gusta de ti? La luz que desprendes.

Silencio

Unos fuegos artificiales iluminaban la habitación en penumbra. Fuegos artificiales. Verano. Su playa. ÉL.

Silencio

Se tumbó boca abajo. Basta ya! gritó escondiendo la cabeza debajo de la almohada.

-Mira. lo ves? Dos besos y ya estoy perdido, es muy extraño pero ejerces muchísima influencia en mi.

Se sentó desnuda en la cama, apartó la cortina. No había mar tras su ventana. ya no lloraba, se había vaciado. Ya sólo sentía ese doloroso silencio…

 

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