El día que ya no soporté soportarlo

No recuerdo el día de la semana que fue. Sólo puedo deciros que ese día decidí que ya no soportaba soportarlo.

Dejé el trabajo. Me pasé cinco días en casa, lo único que me apetecía era escribir, así que eso hice. Escribí muchísimo, dormí poco, y comí menos aún, y empecé a pensar.

Me remonté a mi infancia, quizá todo comenzara ahí. .

A mi abuela le gustaba compararme con mis primos, diciéndome que ellos eran un modelo de conducta, y claro, yo no.

Era difícil competir con ellos, ya que mi prima era catequista, diez años mayor que yo, con grandes valores cristianos, aunque no le temblaba la mano para partirme la cara, cuando yo decía que no quería ir a la misa que mi abuela pagaba a Don Juan, el cura retrógrado del pueblo, por el alma de mi madre.

Mi abuela decía que era para recordarla, y yo en cambio, no entendía porqué jamás fue a verla al hospital cuando estuvo ingresada, o porqué en las temporadas que estaba en casa, se tapaba la boca para hablarle.

Así que allí iba toda la familia al completo, los que dejaron de hablarle cuando se quedó embarazada de mi, y los que jamás la visitaron cuando dejó de tener salud y el deterioro transformó su cuerpo perfecto y su hermosa cara. Allí lloraban todos a mares.

Mi primo era el adorado, el hombre. Daba patadas a un balón en el San Miguel, y jamás hacía la cama o fregaba los platos porque claro. Él é un home… Recuerdo que su madre le lavaba el pelo cuando ya tenía más de 17 años.

En esa época me di cuenta de que no existía ningún Dios.

El colegio me deprimía profundamente. Pasé por varios profesores, que no me enseñaron absolutamente nada. Todas las mañanas me agarraba al cuello de mi padre rogándole que no me llevara.

Pasé por varios profesores y profesoras que no me enseñaron nada en absoluto. Favoreciendo y prestándole más atención a los niños que tenían facilidad para los estudios, y pasando olímpicamente, y sentándonos en los pupitres de la parte trasera del aula a los que nos costaba más, como por ejemplo yo.

Aún puedo recordar las palabras de Don Ramón:

-Algunos valéis la pena, pero otros sois como tablas.

Ahí aprendí que el colegio no servía para nada.

El instituto fue toda una revelación. Compañeros de toda la vida y vecinos, dejaron hasta de saludarme como si yo tuviese la peste bubónica. Embebidos en popularidad, hormonas, aprobados y alguna que otra droga.

Esa fue una etapa absolutamente perdida de mi vida.

Comencé a suspender asignaturas y a repetir cursos. Mientras en secreto leía a Salinas, y escribía.

Tenía amigas que usaban la talla 34, y me decían mientras nos mirábamos al espejo, que estaban gordas mientras apuraban con desesperación sus cigarrillos. Yo las miraba ojiplática, mientras me ajustaba la cinturilla de mi pantalón ( elástico) de Bershka de la talla 40.

Ahí empecé a convertirme en una hater.

Años más tarde me vine a vivir a Londres, persiguiendo un sueño que no ya no recuerdo cual era.

Me convertí en una chica independiente. y a pesar de estar sola y sin la ayuda de los que se suponía que me iban a ayudar, salí adelante.

Conocí a gente que a pesar de no conocerme de nada, me lo dieron todo.

Aprendí lo que es la morriña, y el dolor de estar lejos de mi padre.

También me enamoré, y me tiré sin pensarlo a la piscina, para comprobar con cara de gilipollas, que la piscina estaba vacía.

El me dejó, y me dijo que jamás me había engañado ni había jugado con mis sentimientos.

Pero se pasó como tres meses, hablándome sólo cuando yo le hablaba, y respondiéndome con monosílabos.

Cuando yo le preguntaba si le pasaba algo o si quería dejar la relación, el decía que estaba loca, que era una exagerada, y que me quería.

Una día, después de que me preparara la comida, de que me regalara un collar , y de follar toda la tarde, le dije que quería hablar con él, que las cosas no podían seguir así. Al cabo de una media hora de facilitarle las cosas, me dijo algo así como que era maravillosa, y acto seguido me dio una patadita en la cona .

Ahora me escribe mucho. Dice que estoy buena, que soy muy interesante, que follo que te cagas, que se preocupa por mi, que no quiere que desaparezca de su vida.

En ese momento dejé de creer en  él.  (amor)

Ahora parto otra vez de cero, no sé muy bien quien soy ni lo que quiero hacer, pero no importa.

Escucho música mientras bebo un sorbo de cerveza,planeo mi siguiente huída, y algo tengo claro queridos amigos, ya no soporto soportarlo.

 

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