Londres, 4 de Mayo de 2017

 

No sabría explicarte. Es una sensación. Como cuando tienes el pelo largo, y de repente te da por cortarlo. Sigues sintiendo la melena rozándote los hombros a pesar de no tenerla ya.

Esa sensación de que me falta algo. A veces la noto más. A veces menos. Pero siempre está ahí. Latiéndome en el coño. Corriendo por mis venas.

No es como tú dices. No es que use el sexo como escape. Es que es la única puerta que tengo valor de cruzar.

No quiero hablar, ni que me conozcan. Ni tan siquiera me preocupa gustar. No quiero compañía. No sabría. No sería sincero, y ya hay bastante mentira en este mundo como para añadir más.

En cambio no hay falacia en los orgasmos. Es la única comunicación en la que creo. Así como un credo. Como el cuatro esquinitas tiene mi cama, con sus angelitos que me la guardaban, que mi abuela me repetía por las noches, intentando que creyera en un tal Jesús, que era niño como yo.  Lo repetía una y otra vez. Sin esperanza alguna. Sin convicción. La misma absurdez de quien le grita a un sordo.

Puede que para ti sea horrible, pero yo prefiero lo real de una lengua rozándome el clítoris, a un ramo de rosas blancas. Al menos esa primera acción, denota que sabe lo que me gusta, y por tanto me conoce.

No hay nada de malo en ello. En querer poseer al otro el rato que duren los espasmos de la vagina.

Luego ya está. No quiero oír ni sentir nada más. Cae el telón. Se acaba el truco de magia.

Las luces se encienden, y todo se ve.

Estás muy equivocada, no me aislo. Yo creo más bien, que a veces la vida en si, se encarga de apartarte. Y así estoy, un poco apartada. Pero todos sabéis que si me necesitáis ahí me tenéis. Y que cortaría caras por todos vosotros.

Hace poco discutí con una de mis mejores amigas, y tuve una sensación horrible que no logro quitarme de encima. No es decepción. Es cansancio quizá. Como si de un fuerte golpe en la cabeza, me hubiese dado cuenta de que estamos muy muy lejos la una de la otra.

Como la mujer que descubre después de catorce años de matrimonio, a su marido con otra en la cama. Y esa otra tiene el pelo más brillante. Y las tetas en el sitio donde van las tetas. Y la barriga plana.

Supongo que te extraña la comparación. Pero yo puedo ver a esa mujer, intentando descifrar el momento exacto en que todo cambió, y se tornó a algo que ya no reconoce ni distingue.

Puedo sentir esa falta de aire en el estómago. Esa opresión en el pecho. Puedo ver ese imperceptible pero latente cambio en el brillo de sus ojos.

No puedo decir que no pasa nada. Porque si pasa. Y ya no doy más. No me queda nada dentro. Puede que haya dado ya, lo mejor de mi. O al menos lo haya intentado. Ya no me sale lo que antes me brotaba de manera espontánea. Y me da igual.

Todo es muy confuso. Al mismo tiempo que siento lejos a todos los que han estado cerca por años. Siento muy cerca a mi madre por ejemplo, que siempre a estado lejos. Lo más lejos que se puede estar. En apenas un puñado de recuerdos polvorientos.

También me siento más cercana a mi padre. Siempre lo he entendido bien. Pero de un tiempo a ésta parte, sus palabras tornan más sentido que nunca.

Por eso voy esos días a Vigo. Sólo para ver como sus ojos brillan cuando le hablo. Sólo para escuchar el mundo, bajo su peculiar visión.

Y el mar. Te juro que lo segundo que haré al llegar, será nadar desnuda. Me voy a follar cada ola. Para llevármelas todas bien dentro.

Me imagino la cara que pondrás al leer todo ésto. Yo ya me rio de antemano. Porque se que no lo vas a entender. Y que fruncirás el ceño, tras tus enormes gafas de pasta azul.

No lo entenderás, porque simplemente a ti no te pasa. Nunca te han escupido en la cara. Ni te han juzgado por expresar lo que sientes de una manera poco usual. Tampoco te han mandado cada semana fotos de pollas, ni vídeos de masturbaciones. Porque al parecer, eso es lo que sugiero.

Cuando yo grito. Ellos escuchan sexo. Ellas escuchan zorra.

Siento no ser políticamente correcta, y poder expresarme de otro modo. Tal vez sea un sino, o una skill.

Honestamente puedo decirte, que antes de que me maten, yo pienso morirme tres veces.

 

 

Háblale a las plantas. Cuéntales historias, léeles a Lorca o se morirán de pena.

Yo a ti también tonta

Andrea Castro

Advertisements

One thought on “

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s