Praefatio

 

Había hecho la maleta dos horas antes, obligada por mi gran amiga Moldovan. Y eso que me había mentalizado previamente, para tenerla lista al menos con dos días de antelación. Pues ni patrás.

Allí estaba yo, cuan larga soy, tirada en la cama y desnuda, boca abajo y con la cabeza metida debajo de la almohada.

  • Haz la maleta Andre, que se te van a olvidar cosas.
  • No quiero, me da igual, y además he decidido no ir. Seré una Hikikomori, y viviré para siempre en ésta habitación sin relacionarme con nadie.
  • Venga ya, que te vas de vacaciones, no a la guerra del Vietnam.
  • Vigo es la equivalencia en éstos momentos, a un campo de minas emocional. Un mal paso y mis piernas saltarán por los aires.
  • ¿Crees que te escribirá?
  • Sé que no. Es demasiado cobarde.
  • Pero vas a ver a tu padre Andre. Piensa en eso…

Saqué entonces lentamente la cabeza de debajo de la almohada, la tentativa de ver a mi padre, puso fin a mi ataque de pánico.

  • Tienes razón, voy a estar con mi padre. Voy a nadar desnuda. Y a comer empanada y croquetas mientras me bebo una Red Vintage, o tres.
  • Vale calla ya, que al final me deprimo yo. Joer con London Andre, que vida más triste.

A duras penas y con los nervios de punta terminé la maleta. Cagándome en todo y reivindicando mi sueño de viajar con una mochila que contenga una braga. Una sola, ya me las arreglaría.

Eran las 3:52 de la madrugada. Tenía que levantarme a las 6:00 de la mañana para coger a tiempo el bus, que pararía en la boca de metro, que me llevaría a la estación de autocares, donde cogería un autobús con destino al Stansted airport, donde un avión de Rayanair pondría rumbo a Santiago de Compostela. Allí mi leal Anita y su fabuloso Audi, me depositarían en Vigo.

Así que en vez de dormir, para ir descansada y fresca. Estaba escuchando a Sidonie. Siempre me ha parecido que el cantante guarda cierto parecido con Serge Gainsbourg. Quizá se lo hayan dicho ya más de mil veces. Como a mi, cuando me dicen que tengo unos preciosos ojos, y a continuación me preguntan si me lo han dicho antes.

Si hijo si, me lo han dicho unas quinientascuarenta veces a lo largo de mi vida. Y me parece una gilipollez. No son bonitos, sólo son azules.

La gente es así, más sensible al continente que al contenido.

Me despertó la deprimente alarma del móvil. Yo me sentía mareada, y tenía mucho frío. Como un robot me vestí, y casi me mato escaleras abajo con la puta maleta.

No había asientos libres en el autobús así que opté por dejar caer mi cuerpo en la maleta.

Tenía el típico aspecto de los que triunfan en la vida. Pelo despeinado, ausencia total de maquillaje que evidenciaba unos bonitos cercos alrededor de mis ojos.

Así iba yo por la vida, ataviada con un arrugado vestido verde menta de seda. Sentada sobre una maleta con las piernas abiertas. Porque si. Porque me siento cómoda, y porque me jode el hecho de que un hombre pueda llevar las piernas separadas como si tuviera dos sandías a modo de testículos. Sin embargo, la mujeres, no. Hay que juntar rodilla con rodilla aunque estés incomodísima, o caigan las moscas por el calor. Que parece que tenemos el mal entre las piernas joder, o un arma de destrucción masiva.

Mi telefóno sonó, era una notificación de Instagram. Uno de esos mensajes que a veces te manda la gente;

<Me flipa tu última foto. Tú mano hurgando en tu entrepierna como un animal hambriento. Me excita la idea de poder follarte en algún momento>

Yo tecleé un gracias, apagué el móvil, y lo guardé en el bolsillo.

Ya empezaba a estar un poco cansada de ser el detonante de fantasías ajenas, que a mi, ni me iban ni me venían. No es que haya asumido lo que me quieran decir, y por tanto acepte que lo que dicen de mi, sea lo que yo pretendo, ya que yo, nunca pretendo. Más bien me he cansado de explicar, que una mujer, puede ser sexy, y tener credibilidad. Que puedes mostrarte desnuda y puede ser un acto de sinceridad propio y no una imagen meramente sexual. Quizá no quiera la aprobación estética de otros. Ya que no soy mejor ni peor, sólo intento ser consecuente, y hacer lo que me apetece.

Que el arte tiene múltiples manifestaciones. Lo sucio, lo oscuro, lo desagradable y crudo, es puro y bello en mi opinión.

Pero eso supongo que me importa a mí, nada más.

Ya en el aeropuerto y con Jimmy Hendrix follándose a una guitarra a través, de mis auriculares, el panel anunció mi puerta de embarque. Yo salí disparada al baño a vomitar. Tenía el estómago revuelto. Me encontraba francamente mal.

Me había tocado ventanilla, ya pesar de saber que en caso de accidente tienes más posibilidad de morir que alguien que viaje en pasillo. A mi me la sudaba. Me encantaba ver las nubes a través de ese trozo de plástico.

Cuando los motores se pusieron en marcha, mis piernas y mis labios se separaron a la vez. El despegue sacudió todo mi cuerpo, a través de mi coño.

Oniria e insomnia de Love of Lesbian sonaba ésta vez por mis auriculares.

Yo sonreía,

excitada.

Tranquila al fin.

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