ENTRE LAS PIERNAS

El vapor de agua lamía los azulejos dejando húmedas estelas en forma de lágrimas. Yo estaba teniendo uno de esos momentos raros que me dan, en los que mi cabeza sufre de una extraña hiperactividad, y mi cuerpo no aguanta las concecuencias.

Decidí sentarme en la bañera, y llenarla. Miraba con atención el techo de pintura desconchada. Este techo es una perfecta metáfora sobre mi vida, pensé de repente. Un blanco y desconchado techo.

 

 

La tarde anterior había tenido una agotadora conversación con un nuevo compañero de trabajo. Hablámos de su religión, la musulmana. Me explicaba eso de que todo comedimiento tiene recompensa final; El paraíso.

Yo le miraba en silencio, dejando que acabara de hablar, entristecida ante su pobre argumentación. Mi cerebro funciona de un modo atípico, por eso he tenido tantos problemas con los estudios. Soy de esas personas que como no captures mi atención en los tres primeros segundos de conversación, lo tienes difícil para que retenga lo que me dices, o para que sienta el mínimo interés.

¿Cómo rebatir algo a alguien, que se lo llevan insertando, familia, entorno, colegio toda su vida?, ¿Cómo aprender a pensar por ti mismo, si nunca has tenido en consideración otra visión? Si no te enseña nadie a cuestionarte las cosas, como vas a lograr tu propia opinión.

 

Mira, dije al fin, digamos que soy la opinión más radical que ahora te puedes encontrar. No sólo no creo en Dios, sino que condeno cualquier religión que exponga a la mujer por debajo del hombre, como agitadora o incitadora de malos sentimientos. Sea la religión que sea, repito.

No creo que haya que ocultar el cuerpo de la mujer, todo lo contrario, creo que es algo a celebrar, al igual que el cuerpo del hombre. El desnudo no es una ofensa, es algo hermoso. Carente de maldad o de sexualidad.

No me gusta que una mujer musulmana tenga que cubrir su belleza con la explicación de evitar que el hombre no tenga ¨malos pensamientos¨,  porque amigo, el deseo no es un mal pensamiento, es algo natural. Y las mujeres sentimos exactamente el mismo deseo que un hombre puede sentir cuando conoce o simplemente ve a una mujer que le gusta. El mismo. El deseo no es intrínseco de la genitalidad, va con la persona, hay gente más sexual que otra, y ambas opciones son respetables y válidas.

Desapruebo las restricciónes e imposiciónes, creo que cada uno debemos leer, sentir, escuchar, pensar, viajar, probar y conocer, y sólo así podremos construirnos a nosotros mismos

La vida hay que vivirla en vida, no esperando una promesa post mortem. El pecado es una invención para restarnos libertad, lo único valioso que posee el ser humano.

Se quedó mirándome con una sonrisa en los labios que no acerté a entender y dijo. Y eso que eres rubia.

Me suelo hacer la tonta, es mi secreto. Y ésta es la primera y última vez que tú y yo hablamos de religión, sentencié categórica, ya conocemos nuestras opiniones, así que si quieres ser mi amigo, vamos a dejar éste tema de lado.

Me tendió la mano, me ofreció un chicle, y continuamos hablando de literatura y mascando ruidosamente la goma con sabor a menta.

 

 

La bañera estaba llena, siempre me ha dado una pereza horrible esperar a que el agua me cubra lo suficiente como para poder sumergirme, y me pongo a hacer algo mientras tanto y termino olvidando las ganas que tenía del baño.

Me estiré todo lo que el espacio me permitió, en el insípido útero blanco y respiré hondo. Mi caja torácica se llenó de aire, y se elevó. Pasé mis dedos por mis costillas. Que huesos tan raros y simétricos las costillas, que genialidad musical de la evolución. Darwin decía que el hombre viene del mono, supongo que debemos esperar otros cien años para que alguien averigüe de donde viene la mujer, porque al bueno de Darwin se le llenaba la boca al hablar del hombre, pero de la mujer ni pío.

Mi tórax seguía elevándose con cada inhalación, mi pelvis, descarada también se izaba como si una mano tirase de una invisible cuerda. Ofreciéndose muy bien no se a quién. Podía ver un puñado de vello rubio ondeando como algas en un mar de calma.

Qué ganas tengo de follar, pensé. ¿Cuánto tiempo hace que no follo?, ¿Cuatro meses? Nah, la última vez no cuenta, ni siquiera me corrí. Si no te corres no es sexo, es sólo cardio.

Qué mal estipulado está éste mundo, y creo que se debe a lo mal que folla la gente. Los hombres y los nombro e incluyo a todos, así como una masa genérica, se creen que una mujer se corre con recibir su polla dentro. Cinco empujones y ya. Satisfecha.

Mis pobres camaradas las mujeres, en cambio, a fuerza de tantos siglos de silencio, falsa moral aprendida y represión, preferirían cortarse un brazo, antes de reconocer que se masturban tres veces al día. Que les gusta chupar una polla porque les excita el tener el poder en la boca, al mismo tiempo que humillan la cabeza, se les moja la entrepierna. Decir tranquilamente que cuando tienes la regla te mueres por un buen polvo.

 

¡Es tan agotador educar! Supongo que por eso los profesores de instituto están tan deprimidos.

Sin duda alguna tienen miedo. Los hombres temen los coños. Sí, eso es lo que pasa. Me acaricié los pechos y bajé hasta mis labios.

Mira cielo, esto es un coño. Por aquí nos corremos, damos a luz, meamos, y sangramos las mujeres, y no pasa nada, es natural y hasta poético. No hay nada que temer o repudiar.

Me imaginé a mi misma dando una magistral clase, delante de un tembloroso pupilo.

Éstos son los labios mayores, indicaría con mi índice. Estos delgaditos son los labios menores. La bolita que ves aquí, en éste vértice, es crucial. Se llama clítoris, y es el centro de mi cuerpo, donde tengo infinidad de terminaciones nerviosas. Es el encargado de que viaje a la Luna y regrese. Así que míralo bien, respétalo y quiérelo, porque su poder es ilimitado. Puedes acariciarlo, succionarlo, lamerlo o rozarlo. No te de miedo ni asco, descubrirás nuevas texturas. Te sorprenderá comprobar como aumenta de tamaño con la excitación.

Aquí tienes la entrada de la vagina. Ni más arriba ni más abajo. Aquí. En ese túnel, tu meterás tu pene, y lo moverás hacia dentro y hacia fuera, puedes hacerlo muy lento al principio, y luego muy rápido. Puedes ser delicado o puedes hacerlo más duro, y de las dos maneras me va a gustar. No pongas esa cara, vas a notarlo en todo mi cuerpo. En mi respiración, en mis expresiones faciales, en la humedad y el calor que mi coño te va a ofrecer. Lo tensaré y notarás presión, y te va a gustar.

Cálmate, respira. Yo te guiaré,  te besaré el cuello, rodearé mis pechos con tus manos y te diré que me chupes los pezones mientras me acaricio el clítoris para correrme. Porque no debes olvidarte que la piel es el mayor órgano que tiene el ser humano. Reacciona de manera inmediata a éstímulos que van directamente a nuestro cerebro.

Y cuando me corra, va a ser hermoso. Una divinidad. Mi cuerpo se va a agitar, y yo ya no estaré en él, porque por un momento, estaré muerta cariño. Habré dejado de existir para simplemente sentir. Mi vagina se contraerá y te apretará de un modo que te volverá loco. Tú querrás gemir, gritar, y decirme cosas feas, y te dará miedo que me ofendan, pero no debes controlarte porque en el sexo todo vale siempre que estemos de acuerdo. No hay moral, ni Dios, ni infierno. Es la sarna que te mueres por rascar una y otra y otra vez.

Hay origen y pureza. Hay música y sinceridad. 

Quizá debería ir por los ayuntamientos de España en furgoneta, dando charlas sexuales a grupos de hombres. En el costado del vehículo rezaría un slogan; Aprende a follar con Andrea. El coño es tu amigo.

Me dio tal ataque de risa que me atraganté con la saliva, temí por mi vida. Menuda forma más tonta de morir hubiera sido.

Mis elucubraciones hicieron que me corriera dos veces en la bañera, así que creo que salí de la tibieza del baño más sucia de lo que había entrado. Cosas de la vida.

 

 

Qué puto dolor de piernas. ¡Pero esto qué mierda es!

Fijo que la edad, que mucho no los aparento pero mi coño, los años y todas las historias detrás no los puedo borrar, por suerte o no.

¿Será que me estoy quedando paralítica?

Para – lítica. Menuda palabra. ¿Será políticamente correcto decir paralítica?

¡Que ignorante soy ostias! Y donde demonios puedo aprender éste tipo de cosas. ¿Dónde se estudia eso? ¿Habrá tesinas de jóvenes estudiantes de pelo brillante que traten éste tipo de cuestiones? ¡Pero que digo!

¡Ay, estoy gilipollas! me regañé agachándome para sacar la ropa de la lavadora.

Tenía un aspeto gracioso con mi pijama de unicornio. Que pollo montara en el Primark cuando fui decidida a comprar un pijama de invierno.

– ¿Pero tú para que quieres un pijama si siempre duermes desnuda? me preguntaba Moldovan.

– Pues para estar cómoda en casa. Para escribir en la cocina, calentita mientras me tomo un café.

En la sección asignada a los pijamas empezó mi horror: Disney everywhere.

– ¿¡Pero ésto que cojones es?!

– ¿Qué pasa? preguntó Moldovan con ingenuidad sabiendo que se avecinaba el drama.

– Quién diseña ésta mierda y qué pretende. Cual es el jodido mensaje, que seas como seas, mientras tengas vagina vas a querer enfundarte en un estampado de la Dama y el Vagabundo o la Bella y la Bestia. Tengo treinta y dos jodidos años y no quiero un maldito pijama de La Cenicienta. Disney ya bastante daño nos ha hecho a las mujeres como para tenernos que acostar también con él. ¡Y una polla!

Me parece genial que haya pijamas, batas y zapatillas de todas las películas de Disney, ¿Pero todos? no había otra opción, otro estampado. Revolviendo vi uno con unicornios y fue como hallar un rayo de luz entre el gris de una tormenta.

Bajando las escalera Moldovan me miraba de reojo mientras yo sonreía de oreja a oreja.

– Osea, que Disney no, pero unicornios si.

– Exacto

– Madre mia Andre… sentenció por lo bajo Moldovan tapándose media cara con el dorso de la mano.

 

 

Acabé de tender la ropa recién lavada y saqué una cerveza de la nevera.

Me desnudé y doblé con esmero mi nueva adquisición.

Desnuda en a cama, encendí el ordenador y di un trago largo a la cerveza. Deliciosa de frío la bebida erizó de inmediato mi piel.

¨El coño es tu amigo¨, tecleé con decisión, y estallé en una sonora carcajada con la espuma de cerveza aún en mis labios.

 

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